CUSTODIA EN EL DIVORCIO: «NO SIN MIS HIJOS»

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Lo primero que un padre o una madre que se divorcia o pretende divorciarse tiene en mente cuando viene al despacho es “qué va a ocurrir con mis hijos”.
Es algo que es inevitable, y que nos ha pasado a todos. Es algo instintivo, atávico, es el momento de demostrar que eres un buen padre, y aunque ya lo fueras, y lo sigas siendo, te ves empujado a luchar por ellos. En mi caso, en mi condición de divorciado y de abogado entiendo perfectamente la inquietud que se produce, aunque muchas veces sea quizá exagerado el celo que ponemos en ello, yo el primero.

¿Con quién vivirán mis hijos? ¿En qué periodos?

¿Tendremos que pasarnos pensiones? ¿Afectará la nueva situación a las notas de mis hijos?

¿Nos pondremos de acuerdo los padres en qué clases de repaso, o en qué extraescolares los apuntaremos?

 Son parte del sinfín de preguntas que recibo, y que muchas veces no tienen una respuesta clara en ese momento.

Lo que está claro es que el fin de la convivencia entre los padres tiene que traducirse necesariamente en la toma de unas medidas (de mutuo acuerdo, o en vía judicial) con respecto a los hijos. Queramos, o no queramos, es así.

Yo siempre recomiendo a todo el mundo ponerse de acuerdo, por el bien de los hijos y de los propios padres, ya que una lucha judicial larga suele dejar siempre un mal sabor de boca, y muchas veces no contenta a nadie.

La decisión principal tiene que ver con la guarda y custodia de los hijos. En Aragón, efectivamente, el sistema legal por defecto es, en principio, el de la custodia compartida. En caso contrario, porque así lo establezcan de mutuo acuerdo los progenitores, o por las circunstancias especiales que se den en ese caso, se suele optar por la guardia y custodia de la madre.

La diferencia principal que se da entre ambas soluciones, en la mayoría de casos, es el hecho de que en la custodia compartida lo normal es que los menores pasen la mitad de tiempo con la madre, y la otra mitad con el padre, repartiéndose el tiempo, por semanas, u otros periodos, según la edad de los hijos, y las circunstancias concretas de los padres. Por otro lado, en el sistema de custodia compartida no hay, como norma general ninguna pensión de alimentos, puesto que cada progenitor se encarga de sus hijos en el periodo que le toca. En los casos de custodia de uno de ellos en solitario, normalmente de la madre, se suele establecer siempre una pensión de alimentos, por pequeña que sea.

En ambos casos existe siempre la previsión de ciertas visitas para el padre no conviviente o no custodio.

En definitiva, y dejando el aspecto económico de lado, si los hijos son muy pequeños, y estoy hablando de niños menores de 3 años, se suele dar la custodia a la madre, sobre todo si son lactantes, pero en el resto de casos, la custodia compartida es el modelo que prefiere la ley.

El consejo que yo siempre doy, aunque el sentimiento de intentar conseguir el máximo de tiempo posible de convivencia con los hijos y el máximo de pensiones para ellos es muy humano y entendible, es buscar siempre el acuerdo, y lo mejor para los hijos. Precisamente encontrar una solución para la nueva convivencia que surge, de mutuo acuerdo y equilibrada en derechos, visitas, etc,…, será la mejor solución para los hijos, y por lo tanto eso repercutirá finalmente en la felicidad de los padres. Incluso aunque no seamos conscientes de ello en el momento de pactar.”

Este es el punto de vista de un todo un experto en abogacía, además de un gran amigo.
En “de Cero”  Zaragoza tenemos la suerte de contar con gente como él y aprovechamos desde aquí para dar las gracias por tanto apoyo, en muchas ocasiones desinteresado, que nos brindan. 
Sabemos que la custodia es un tema muy controvertido cuando surge una ruptura, y el acuerdo entre las partes es lo que más satisface a la larga a hijos y progenitores.

Sin embargo, la señal de alerta surge cuando una
de las partes manifiesta que desea la custodia compartida tan sólo por el interés económico, sin tener en cuenta el ambiente en el que van a ser criados y educados los hijos a partir de entonces.  Se trata de progenitores que en ocasiones también se desentendieron de sus hijos cuando convivían en pareja, son muchas veces desconocidos para los propios niños, pero tras el divorcio y con el único objetivo de no pasar una pensión en favor de los hijos, son capaces de solicitar ese reparto equitativo del 50% del tiempo del menor aunque no pueda atenderlos debido a que sus circunstancias laborales y/o personales se lo impiden o dificultan. Por lo que los atienden en su lugar, en el mejor de los casos los abuelos, y en otros ni siquiera alguien de su familia.

Sabemos que es difícil, pero un amplio régimen de visitas y un convenio mucho más abierto también es una buena solución en favor de los hijos. Y en los casos en que ambos estén de acuerdo y que se hayan ocupado por igual siempre de los hijos, y se pueda garantizar un buen desarrollo y cuidado de ellos, por supuesto la custodia compartida es la mejor opción. No hay que olvidar que esto requiere de un esfuerzo por parte de los padres en forma de diálogo y comunicación. Y esto no siempre es posible, sobre todo en las primeras fases de la ruptura.

En definitiva, se trata de aplicar el sentido común e intentar garantizar el bienestar emocional y económico de los hijos, que no tienen que pagar el desacuerdo de sus padres.

En nuestro centro, experto en ayuda integral en el proceso de divorcio en Zaragoza,  contamos con abogados matrimonialistas que se adaptan a cada caso, de una manera humana, buscando siempre el bienestar tras la ruptura, e intentando no entrar en guerras absurdas e innecesarias que no favorece ni a la ex pareja, ni a los hijos y además, supone un alto coste emocional y económico.

Nosotras siempre apostaremos porque la rabia del momento no te empuje a tomar malas decisiones que hagan que este duro proceso se eternice y no te deje cerrar esa puerta para poder empezar “De Cero”.

Autor del escrito: David R. (Abogado)

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