QUERIDOS MAMÁ Y PAPÁ:

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Quiero deciros que me siento triste y un poco confundido.

Tengo mucho que aprender y vosotros sois las personas en las que me fijo, porque para mí no hay nadie mejor que mis padres en este mundo.  Mi amigo Carlos dice que sus papás son los más guays, pero yo pienso que sois vosotros.  En fin, que creo que cada niño piensa que los suyos son los mejores.

Por eso, yo intento aprender de vosotros todo lo que pueda.  Pero estoy hecho un lío.  Veo que discutis muy a menudo, os gritais, os insultais y otras veces ni siquiera os hablais.  Cuando yo sea mayor ¿voy a ser así con la gente que quiero? Cuando tenga pareja ¿tengo que gritarle para que me quiera? Creo que empezaré a probar con mi hermanito a ver si funciona, y luego con mis amigos del cole.   Pero me parece que si cuando eres mayor hay que hacerlo así,  no quiero hacerme mayor.

Porque cuando os tratais así, a veces me quedo calladito en mi habitación escuchando todo y me tapo los oídos; otras intento jugar con mis juguetes como si nada pasara, pero a menudo no puedo evitar tener ganas de llorar.

No sé si yo tengo algo que ver en que os trateis así,  y a veces pienso que si sacara mejores notas, si me fuera antes a dormir o si simplemente no existiera, todo iría mejor.

Papis me he enterado que en el cole hay niños que viven en casas distintas, unas veces con su papá y otras con su mamá.  Creo que a esto le llaman separarse.  A mí esto me parece un poco difícil porque no entiendo qué haría con mis juguetes favoritos que sólo podría tener en una casa.  Pero empiezo a preguntarme si eso no sería mejor, porque mi amigo Quique me ha contado que sus padres ya no se gritan, ya no disuten y que no sabe por qué pero ahora es mucho más feliz.”

 

Esto es un ejemplo de cómo se sienten los niños en una mala convivencia entre los padres.  Muchas veces ponemos de excusa a los niños para posponer la ruptura de pareja o incluso no llegar a hacerla nunca.  Pero en lugar de favorecer su crecimiento por estar en una “familia convencional”, estamos perjudicándoles.  Y si profundizamos en esa razón para no separarnos, vemos que lo que estamos haciendo en realidad, es utilizar a nuestros hijos, por el miedo que tenemos a dar ese paso, en lugar de pensar en ellos.

Debemos tener en cuenta que, como dice este niño, los padres somos un espejo en el que nuestros hijos se miran continuamente, y que nuestros comportamientos pueden ser repetidos por ellos cuando sean mayores.  Ya que sobretodo es por imitación como aprendemos las formas de relación con el entorno.

Tenemos que proteger a los niños de los entornos hostiles y no permitir que cualquier tipo de violencia, aunque sea verbal, forme parte de su día a día.  Hagamos una introspección y veamos qué ejemplo estamos dando a nuestros hijos.  Los niños quizá sean el mejor motivo para dar ese doloroso paso.

 

 

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