HIJOS DE PADRES DIVORCIADOS: ¿SUFRIDORES O MANIPULADORES? (PARTE 1ª)

 

 

Cuando una pareja estable, con proyectos de futuro se separa, hay mucha gente alrededor que sufre también esa ruptura. La familia, los amigos, pero sobre todo, si han tenido hijos, ellos son los mayores sufridores.

Según la edad a la que se encuentren los hijos a la hora de la separación de sus padres, los problemas son distintos.

Hoy vamos a tratar los sentimientos que profesan los hijos que pasan por este trance desde la infancia hasta la primera adolescencia.

Trataremos en otro post los errores comunes y letales que cometemos los padres cuando la relación se rompe con hijos en estas edades, pero hoy vamos a centrarnos en cualquier niño de padres separados, aunque éstos hayan hecho bien las cosas.

¿Pueden los niños ser felices a pesar de la ruptura de sus padres si estos han actuado bien? Tajantemente SI

¿Que lleguen a ser felices es un camino duro, donde nos encontraremos con situaciones muy difíciles de gestionar?  Tajantemente TAMBIÉN

Vamos a centrarnos en problemáticas comunes y que en DE CERO nos preocupan, porque sabemos por experiencia propia que son difíciles y a veces nos superan.

Nunca tenemos que perder de vista que la separación es una decisión de los adultos, pero que marca totalmente el destino de los más pequeños de la casa.

Un niño que vive con sus dos padres, puede decidir en cada momento a quién le apetece dar un beso, contar una confidencia o quién quiere que le lea el cuento de cada noche.

A un hijo de padres separados, no le damos esa opción.

Marcamos su destino tras escribir un papel llamado “régimen de visitas”, que decidimos de mutuo acuerdo en el despacho de algún abogado, o en un tribunal, dónde un juez dictará como va a ser su vida desde entonces.

Deciden pues un conjunto de adultos junto con sus dos padres, dónde, cuándo, y hasta que hora el niño va a estar con cada uno de ellos.

En el mejor de los casos, sus padres, si tienen una relación cordial, podrán llegar a acuerdos en el día a día y hacer todo un poco más flexible y menos estricto.

¿Cómo se pueden llegar a sentir estos niños? ¿Tienen derecho al “pataleo»?  ¿A quejarse cuando están cansados o simplemente entretenidos en la casa de uno de los dos progenitores y deben cortar lo que están haciendo porque les toca ir “al otro lado»?

Pues no sólo tienen derecho sino que, además,  la razón absoluta para enfadarse con nosotros.

Debemos darle el lugar que le corresponde a su enfado, escucharles, decirles que les comprendemos. En ningún caso se debe obviar, o no darle importancia, aunque sea el camino más fácil. Lo que conseguiríamos haciéndolo es que repriman sus sentimientos, que se frustren y que sientan incomprensión y que su malestar no es importante para nosotros.

Pedir perdón y darle la razón a un niño cuando está molesto es algo que los adultos deberíamos practicar más, porque no perdemos autoridad sino que creamos una relación de confianza con el niño.

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