Testimonio: MARTA

Mi nombre es Marta, y quiero compartir con vosotros, a través de DE CERO mi historia.

Mi primer amor se llamaba Marcos, era un chico alegre, atento, y muy divertido, o por lo menos, así lo recuerdo.

Nos hicimos novios a los 16 años, ¡¡que jóvenes!! Pasaron los años, con discusiones, problemas, como en todas las parejas, pero también mucho amor. A mis 25 años decidimos casarnos, los dos trabajábamos y nos habíamos comprado un piso que poco a poco fuimos amueblando.

Marcos empezó a sentirse mal, yo creía que era la excusa que me ponía para no escucharme y elegir, flores, invitaciones….ya que era muy viva la vida.

Una tarde me asusté, lo vi blanco y era incapaz ni de dar tres pasos para ir al baño del dolor que sentía en los huesos.

Le obligue a ir a urgencias y empezaron a hacerle pruebas. Recuerdo a un médico hablar con otro y decirle “no tiene buena pinta”. No sé si pasaron minutos, horas o días…sólo recuerdo el sentimiento de desesperación que sentía, su cara asustada y descompuesta en la camilla y las palabras que hicieron que todo explotara: LEUCEMIA MIELOIDE AGUDA.

No me quiero extender en esto, pero os diré que recuerdo esos meses como una pesadilla. Tratamientos, ingresos constantes, muchos momentos de esperanza y muchos otros donde sabía cual iba a ser el final.

El último mes tenía las defensas tan bajas que estuvo ingresado en una unidad con medidas extremas de control por los contagios. Podía estar con él pero con mascarilla y demás protecciones.

Recuerdo como se me hicieron heridas alrededor de la boca debido a llevar tantas horas la mascarilla.

Adelgace 10 Kg, no comía, no dormía, solo quería estar a su lado.

Un martes a las 11.00 de la mañana murió.

Entre en una depresión bastante profunda, yo tampoco quería vivir.

Los recuerdos de esos años están en nebulosa. La memoria es algo muy curioso, y por suerte para el ser humano, muy selectiva.

Con medicación y tratamiento psicológico, fui recuperándome.

Empecé a salir otra vez, a intentar ponerme guapa, a vivir al fin y al cabo.

Y llegó Carlos a mi vida.

Me hizo volver a sentir muchas cosas olvidadas, volví a ser la mujer alegre que había sido antes.

Sin pensarlo dos veces nos casamos al poco tiempo, no quería esperar, sentía que esta vez no importaban las flores, la iglesia ni nada, solo el hecho de poder hacerlo.

Fui feliz durante un par de años, o eso creo. Tuvimos un hijo, que es mi mayor tesoro.

Pero volvía sentir una tristeza profunda de repente, que volvió a sumirme en una apatía que no podía quitarme de encima.

En un par de discusiones gordas que tuvimos recuerdo una frase que me dijo: “Yo no soy Marcos, y no pienso seguir luchando contra un muerto”.

Entonces yo le gritaba que por supuesto no lo era, con un resentimiento que recuerdo como un grito desde el alma.

Nos hemos divorciado, y ahora viéndolo en perspectiva y con el toque de humor que ya puedo utilizar tras mucha terapia, no sé si me considero divorciada o viuda.

Vuelvo a querer luchar, vivir,  por mi hijo, por mi.

He necesitado mucha ayuda, pero os diré que hay esperanza y solución para todo menos para la muerte.

Muchas gracias por escucharme/leerme, a mi me ha servido de terapia y espero que a alguien de ánimo para seguir luchando.

«MARTA»

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Gracias Marta, ha sido un placer publicar tu testimonio.

Desde DE CERO sólo decirte que eres una luchadora, una madre ejemplar y que personalmente he aprendido muchísimo de ti.

Te deseo toda la felicidad del mundo en tu nueva etapa.

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1 comentario
  1. Hola Marta.Seguramente es complicado que midas el impacto de tu experiencia y tu testimonio en los demás. Pero yo te quiero trasladar lo que he sentido y pensado al leer lo que nos cuentas a través de tus palabras.
    Me ha impresionado la mezcla de fragilidad y fuerza que transmites. A través de tus palabras me llega esperanza fuerza y alegría a mi vida. De una manera que no me explico muy bien ya formas parte de mi vida. Has escrito en el blog, y sin saberlo en mi corazón, unas pocas líneas emocionantes y ya imborrables.Siento agradecimiento por ti , por tu vida, por tu lucha y tu valentía, por tus momentos de desesperación, por tus ganas de caminar con ayuda, por tu hijo que tiene una madre excepcional. Gracias Marta.
    No estas sola. Imagino que lo sabes pero te lo confirmo. Tu lucha también es la mía, la nuestra. Un abrazo

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